Rechazo En Trasplantes de órganos Sólidos
Transplant

La enfermedad renal crónica es una enfermedad degenerativa que se caracteriza por un deterioro progresivo en la función del riñón. Las causas más comunes de enfermedad renal crónica son la diabetes, la hipertensión arterial no controlada y una serie de patologías renales hereditarias que provocan una pérdida gradual de la capacidad del riñón para funcionar normalmente. La enfermedad renal crónica se clasifica en cinco fases que dependen de la capacidad de funcionamiento de los riñones y que se determinan mediante el volumen de líquido filtrado por los riñones (índice de filtrado glomerular o IFG).


Con el paso del tiempo, el daño irreversible en los riñones puede conducir hasta la más grave de las cinco fases de la enfermedad renal crónica, denominada enfermedad renal en fase terminal. Esta fase se alcanza cuando los riñones dejan de funcionar por completo o prácticamente por completo. Las funciones esenciales desempeñadas por los riñones deben ser reemplazadas, bien de forma artificial mediante diálisis o bien mediante un trasplante de riñón procedente de un donante.


El trasplante es la opción de tratamiento preferente para la enfermedad renal en fase terminal porque ofrece una mejor supervivencia y calidad de vida en comparación con la diálisis. El órgano puede proceder de un donante vivo o de un donante fallecido. Tras el trasplante, es necesario seguir un tratamiento continuo y de por vida para prevenir el rechazo del injerto. También será necesario tratar cualquier enfermedad previa que provocara la insuficiencia renal.

  • Aproximadamente el 10% de la población europea sufre enfermedad crónica renal, de los cuales una parte progresa hasta la fase 5 y requiere diálisis o trasplante de riñón.
  • En 2009 17.886 personas recibieron en Europa un trasplante de riñón.
  • La necesidad de trasplantes de riñón supera significativamente a la disponibilidad de órganos donados. En 2009 más de 50.000 personas fueron inscritas en las listas de espera para un trasplante de riñón en los 27 países de la Unión Europea.
  • Los tratamientos inmunosupresores actuales, administrados tras el trasplante, han disminuido con éxito la tasa de pérdida precoz del injerto. En la actualidad, la supervivencia de los pacientes y de los órganos trasplantados es del 90% en el primer año.
  • Sin embargo, la supervivencia a largo plazo sigue siendo un reto para la medicina. En los cinco años posteriores al trasplante, uno de cada cinco pacientes trasplantados de riñón fallece o pierde su órgano. A los diez años, aproximadamente el 50% de los receptores de trasplante de riñón necesitan un nuevo trasplante, tienen que volver a la diálisis o fallecen.